
Este es el barco en el que casi todas las personas zarpamos algunas o muchas veces en nuestra vida. Cuando es necesario, cuando nos apetece, cuando nos llega el momento... Cada mes, cada año, para siempre. Podemos embarcar y navegar en nuevos proyectos, o en los mismos, en ilusiones o sueños. ¡Que nadie se quede en tierra! Desplegaremos y arriaremos las velas una y otra vez, intentando hacer cada vez del barco nuestra tierra firme, encontrando la estabilidad que proporciona la experiencia. Marineros o piratas, nos envolverán días de tormenta, días en los que sufriremos y sentiremos miedo, luchando en cubierta o escondidos en los camarotes. En estos días tempestuosos nos fortaleceremos, y conoceremos mejor a nuestros compañeros de viaje. Los días de calma saldremos a cubierta. El viento acariciando nuestros rostros nos recordará que estamos vivos, el brillo del sol nos alimentará, y el sonido del mar nos aportará serenidad. A babor o a estribor, el empeño de los navegantes manejará el timón, reculando siempre que sea necesario. Por la noche las estrellas serán la mejor guía.
En unos viajes divisaremos costa, y desembarcaremos hasta el próximo. Otros nunca terminarán. Pero lo que en realidad importa es que aprendamos de cada aventura y sepamos disfrutarla. Y si el barco naufraga, saldremos a flote. Nadando, con salvavidas o rescatados, ¿qué más da? Si no zarpamos por miedo a naufragar nos lo perderemos todo...
Hoy tendría que estar a bordo de un crucero por el Mediterráneo, al que he tenido que renunciar al haber emprendido otro viaje más importante. Queda añadido al listado de cosas pendientes de mi cuaderno de bitácora :)
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