miércoles, 5 de octubre de 2011

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EN LA LÍNEA OCULTA

Tic, tac, tic, tac, tic, tac… blanco, negro, blanco, negro, blanco, negro, ¡gris! Empieza a percibir algo… parece una silueta de chica joven, y se acerca hacia él, abriéndose paso entre la oscuridad. Viste un vestido rojo, largo, ¿quién es? Su cara… ¡la tiene demacrada! Su pelo negro, largo, alborotado… ¿quién es? No la reconoce. Intenta huir de ella, quiere escapar, siente miedo, pero está paralizado. Ella llega frente a él, le acaricia el pómulo derecho y le susurra al oído: perdóname. Esa caricia, esa voz… no la reconoce. La silueta desaparece.

Ahora no ve nada. Blanco, negro, blanco, negro. Escucha una voz muy lejana. Intenta agudizar los oídos para entender qué dice: me tienes que enseñar lo que me prometiste, acuérdate ¡acuérdate! Un niño… le recuerda a su hermano… ¿es su hermano pequeño? ¿dónde está? Quiere llamarlo, pero no le sale la voz. No lo ve. Siente miedo, ¿y si le ha pasado algo? Ya no lo escucha.

Confusión. Tic, tac, tic, tac. Silencio, niebla… ¿dónde coño estoy? ¿estoy soñando? ¿a qué huele? ese perfume… Ve a un niño, sentado en un columpio, una mujer le empuja lentamente, sin prisa, sin pausa. Están conversando, pero el chirriar del columpio le impide escuchar lo que dicen. Ese perfume… ¿mamá? La mujer para el columpio, el niño sale corriendo, y ella lo llama: ¡Víctoor! Víctor, cariño, vuelve. No puede ser… ¿Víctor? yo soy Víctor. Me estoy volviendo loco. El niño se acerca a él, lo suficiente como para reconocerlo… reconocerse. Es él de pequeño. ¿Qué clase de sueño es este? Quiere llorar, pero no le salen las lágrimas…

De pronto, siente una brisa fresca por la espalda. Se gira y la ve. La joven vestida de rojo se encuentra a su lado, de espaldas. Quiere acercarse a ella, decirle algo, pero se siente inmóvil. Después de unos segundos ella se da la vuelta y lo mira. Esos ojos… ¿qué quieres que te perdone? Mírate, ¿qué te ha pasado? ¿en qué puedo ayudarte? Ella lleva entre las manos una caja de música. La abre y empieza a sonar una dulce melodía. La melodía de aquel día, aquel en que le pidió matrimonio a Elisa… Las lágrimas empiezan a resbalar por el desfigurado rostro de ella, y el musicalizado brillo de sus ojos despierta en Víctor algunos de los recuerdos más felices de su vida. La reconoce, quiere abrazarla, necesita abrazarla, pero sigue sin poder moverse. Ella, desconsolada, cierra la caja de música. Y el fuerte golpe del cierre se clava en la cabeza de Víctor, como un ruido insoportable imposible de interrumpir. Y rápidamente decenas de imágenes empiezan a pasar por su mente: la fiesta, Elisa, risas, el coche, música, niebla, una curva, un coche, un grito, un golpe, un grito, sonido de ambulancias, llantos, gritos…

Elisa se acerca a Víctor y le da un beso. Sus labios le transmiten el frío más cálido que jamás había sentido. Él intenta abrazarla con todas sus fuerzas, pero se le escapa de las manos. Ella sigue llorando, da media vuelta y se marcha. La ve alejarse, ¿dónde vas? vuelveee, Elisaaaa… Nada, no se inmuta. Sigue alejándose lentamente. No va a dejarla, no puede dejarla marchar. Quiere ir tras ella pero su cuerpo inmóvil no le responde, ni su voz habla. Su único deseo es alcanzarla, por lo que todas sus fuerzas acaban separando su alma de su cuerpo, dejándolo sin vida. Consigue alcanzarla por fin. Los dos sonríen, ahora no se separarán nunca.

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Una madre y su hijo pequeño lloran abrazados en una habitación de un hospital. Víctor se ha marchado. A pesar de la esperanza de su madre y de su hermano de que despertara del coma, y del calor que le aportaban, no lo han conseguido. El sufrimiento de debatirse entre la vida y la muerte había terminado para Víctor, y ahora su rostro reflejaba una dulce sonrisa, que transmitía la paz del descanso eterno.

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