En el teatro puedo hacerlo. Y en la Escuela de Teatro tengo la oportunidad de qu
e me enseñen desde cero. Allí, nadie piensa que estás loco por ser quien no eres, ni por hacer cosas fuera de lugar, al contrario. Cuanta más imaginación le eches al asunto, más énfasis le pongas, y más te metas en el papel de tu personaje, mejor te saldrá la interpretación. No se puede tener vergüenza, ni preocuparse de lo que estarán pensando de ti tus compañeros. Nadie va a juzgarte. Todos estamos allí para aprender, todos observamos a los demás, y a todos nos llega nuestro turno de actuar y ser observados. Seguramente nunca seremos médicos, ni astronautas, ni atracaremos un museo… pero allí podemos hacerlo, y tenemos que conseguir que la gente nos crea. Aún sabiendo que mentimos, es posible creerlo, y hasta provocar emociones.
Quienes me conocéis pensaréis que puede ser una experiencia incómoda y difícil para mí puesto que me cuesta bastante mostrarme en público, y en parte lo es. Las tres amigas que me acompañan saben de primera mano mis intentos de escaquearme cuando se piden voluntarios… (a los que ellas también se unen ;p) y los comentarios que muchas veces hago cuando me pongo nerviosa. Y es que las clases de interpretación se basan en hacer improvisaciones… Improvisar requiere salir delante de todos y crear una situación de forma espontánea, e ir actuando sobre la marcha. Para mí, que cuando voy a hacer algo en público tengo que tenerlo todo premeditado e incluso a veces memorizado, es como si me tiro a una piscina sin saber nadar, y soy consciente de lo mal que puedo pasarlo. La contradicción es que aún así me gusta el agua, y aún pudiendo elegir ir a otro sitio decido ir allí. Y es que aunque lo pase mal sé que no voy a ahogarme, y lo peor que me pueda pasar será para aprender. Aprender a sentirme mejor hablando en público, aprender a ser más espontánea, aprender a no tener complejos. Y cuando empiece a superar todo eso entonces me divertiré más aún, porque las risas que de vez en cuando nos echamos no tienen desperdicio.
Estamos empezando. No sabemos cuánto tiempo podremos seguir yendo, pero estamos contentas. Además de interpretación estamos aprendiendo muchas otras cosas interesantes como ejercicios de ortofonía, actividades de expresión corporal, relajación, historia del teatro, etc. Muchas cosas nuevas, en un genial ambiente. En nuestro grupo tenemos entre 15 y 30 años. Estar entre jóvenes de instituto nos hace recordar esa edad, y es bonito compartir un fin común entre gente tan diversa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario